En el año 2004 tuve la oportunidad de presenciar en el Centro Cultural Palacio Astoreca de la UNAP, una singular performance titulada «Fragmento del Tatuado», texto ganador del tercer lugar en el festival Juegos Florales de Vicuña, en el año 1996, perteneciente al añorado y querido poeta Julio Miralles (1971-2008). Dicha puesta en escena se plasmó con la utilización de recursos teatrales, medios audiovisuales y acompañamiento musical.
Pues bien, como suele suceder entre colegas artistas, el artífice invitó al destacado profesor y músico Mauricio Santander para componer la banda sonora, la cual fue interpretada en vivo. Luego, gracias al éxito alcanzado, el espectáculo siguió un periplo en universidades, teatros y cines de nuestra ciudad.
Recuerdo que, en ese acontecimiento, Miralles bajó desde el segundo piso del recinto, con su original ropaje de ángel huesudo, desbordando rápidamente el escenario con su magia y sensibilidad. Al poco andar, de su boca surgió su letra autónoma, libre y metapoética.
Fuimos testigos que a este poeta lo movilizaba, principalmente, el inmenso deseo de entregar sus creaciones, con la finalidad de esculpir alguna huella que pudiese trascender en su noble existencia. Fue, además, sin perseguirlo, un actor y profesor innato, el que nos enseñó cómo hacer entretenida la poesía para el normal de las personas, sin perder el rigor estético.
Por otro lado, Santander, para ese evento compuso cuatro canciones, las cuales fueron grabadas con intérpretes locales. Según Mauricio, «la idea básica era grabar los versos del poeta en un CD, sin embargo, nunca salió nada de eso. No pudimos realizar esta parte del proyecto. Julio murió poco después. tan joven».
Precisamente, desde hace 19 años, este insigne poeta descansa con sus míticos ángeles en su natal Vicuña. Se fue con esa tristeza larga que ocultó toda su existencia en la médula de sus huesos. Se fue con su pan de la esperanza y sus estatuas doradas. Se fue para hacernos llegar imágenes de Mistral, engalanadas con escritos que hablan de la desgracia, la masacre, el naufragio, el maremoto, el hambre y la desdicha que exploró en esa tierra pletórica del sol.
Tal vez, las nuevas generaciones pocos conozcan su poesía de espíritu universal, apasionada y transgénero. Es por este motivo que, Mauricio, hace poco ha lanzado un nuevo álbum, con el nombre «Proyecto Santander, Fragmentos del Tatuado», destinado preferentemente para el mercado alemán. Con este artefacto el compositor ambiciona dar a conocer el desierto más hermoso del mundo a los oyentes de Europa.
Quienes conocemos el estilo musical de Santander, sabemos que este representa una mezcla de sonidos del mundo, rock progresivo, influencias latinas y música electrónica donde los límites creativos son solo los de la imaginación. Mauricio con sus ojos y habla vivaz, nos confiesa que tiene la confianza y la convicción que este disco, el cual invita a conocer el desierto de Tarapacá y su paisaje majestuoso, encontrará adeptos en otras latitudes, fruto de sus permanentes sueños y energía apasionada.
De igual modo, nos explica que tuvo la oportunidad de viajar a Alemania, el año 2017. Al respecto, nos dice: «Este país me ha permitido participar, tanto personal como profesionalmente, como productor en dos festivales internacionales de cine, donde representé a la casa de cine Sanderfilms. Con documentales, subtitulado y servicios audiovisuales pude hacerlo posible con la ayuda de ProChile».
El invierno pasado volvió a Berlín. Allí descubrió, inesperadamente, una ciudad copada de ángeles. Un día, nos describe, cuando ascendió a una de esas grandes figuras aladas de color dorado, con el propósito de ver la ciudad desde arriba, se le vino a la memoria que una vez había realizado «un disco con grandes músicos, con un poeta que cambió su alineamiento cósmico, que se disfrazó de ángel… y por eso decidí editarlo en esa fecha». En concreto, el disco constituye un tributo sincero a Julio Miralles, a los artistas y técnicos que participaron en ese evento.
Aunque debemos reconocer que la producción musical no contiene explícitamente la poesía de Miralles; no obstante, ella, azarosamente, nos sorprende y nos provocan diversas sensaciones que develan la locura creativa de Santander, permeada con un retintín evocador de ese poeta con mayúscula, quien, en vida, de manera desenfadada, supo sacar fuerza de flaqueza para superar las limitaciones y perseverar en su oficio, porque tenía algo bueno adentro que lo obligaba a convertir en realidad todo lo que imaginaba.
Como reflexión final, puedo aseverar que para rescatar y exaltar nuestro pasado y presente tarapaqueño no es necesario siempre seguir el formato tradicional, pues, a decir verdad, existen infinitas sendas que el hacedor puede explorar para manifestar lo que piensa y siente de su territorio. Lo importante de todo es lo que quiere enunciar y la calidad con que materializa su quehacer. En esta propuesta conceptual, a mi juicio, se percibe con propiedad ese dialéctico equilibrio entre la forma y el contenido, con un lenguaje musical innovador, emotivo, seductor y personal.
-Iván Vera-Pinto Soto, Cientista social, pedagogo y escritor







