En Pica, se realizará hoy el funeral del profesor Manuel Araya San Martín, destacado maestro y recordado por varias generaciones del Colegio San José de Antofagasta, perteneciente a la Congregación Oblatos de María Inmaculada (OMI).
Era casado con la profesora Norma Arroyo y padre de Manuel Alejandro.
Eran los años 60 del siglo pasado, cuando tuvimos la suerte de encontrar en nuestro camino a Manuel Araya, prefecto, director académico y rector (s) subrogante, cuando el establecimiento caminaba a paso firme y se convertiría en uno de los mejores establecimientos educacionales de la Segunda Región. Sin lugar a dudas, era el maestro por excelencia. Siempre dinámico demostró que la mejor enseñanza está basada en la disciplina, el entusiasmo y la alegría de ser parte de una institución que tiene grandes objetivos, que tienen que ver con la amplitud de conocimientos, con los buenos modales, el guardar silencio cuando corresponde, manifestarse de buena manera, en el saludo cordial y afectuoso, en el respeto en los horarios, en el logro de propósitos para el bien común y la convivencia estrecha que se logra con la amistad que nace en el camino que Dios tienen preparado para cada ser humano.
Muchas veces le debe haber dolido el haber tomado decisiones al aplicar sanciones que en el momento al joven en formación le parecen injustas, pero que miradas en el tiempo, fueron enseñanzas que se valoran por siempre.
Llegué al colegio en 1961 cuando se denominaba Saint Joseph’s College (SJC) y estaba en la avenida Brasil, en calle José Miguel Carrera con Antonio Poupin, al año siguiente comenzó su quehacer en calle José Díaz Gana con Manuel Galleguillos Lorca, pasaron algunos años y fue ahí, más o menos en 1964 o 1965, cuando llegó don Manuel. Dejábamos de ser niños para convertirnos en adolescentes y vivir una serie de acontecimientos que comenzaban a cambiar al país y al mundo. Fueron muy lindos años que recordamos con agrado y alegría, aunque también vivimos años de tristeza.
Muchos años pasaron cuando un día cualquiera lo encontré caminando por el Iquique apacible de antes, en compañía de su esposa Norma Arroyo, profesora de matemática, perteneciente a una antigua familia de Pica y también notable formadora de varias generaciones del CSJ. La conversación de ese día estuvo llena de recuerdos y parabienes. Me sentí contento de haberlos conocido como también se sintieron cientos de jóvenes estudiantes que lograron conocer a una pareja de maestros de verdad, una pareja bella y cariñosa que dieron todo por la educación de calidad de la que tanto se habla ahora. Sin embargo, somos testigos de un logro conseguido hace décadas. Gracias a don Manuel y a todos nuestros profesores y sacerdotes oblatos de aquella época imborrable. Está cada uno de ellos en nuestras mentes y corazones.
A su señora esposa Norma y a su hijo Manuel Alejandro les hacemos llegar nuestras más sentidas y sinceras condolencias. Compartiendo al mismo tiempo el inmenso dolor que los aflige por la partida de don Manuel. Quedan los recuerdos imborrables de una etapa maravillosa de nuestras vidas como estudiantes. Todas las generaciones del SJC y, especialmente la de 1969, lo recordaremos por siempre. (SMB)
(La fotografía es del ex alumno Eduardo Verdejo Green)






