Qué manera de cambiar nuestro querido Iquique.
Qué ha pasado con la tierra de campeones, con una de las más hermosas playas de Chile, de cálidas aguas, en la que se podía caminar desde playa brava hasta los ferrocarriles a cualquier hora, incluso a medianoche, sin riesgo alguno de ser asaltado.
Hoy, esas maravillosas caminatas son un imposible.
Los lectores mayores comprenderán muy bien de qué hablo.
Qué le ha pasado a Iquique estos últimos 30 años, y particularmente, estos 5 más recientes.
Por razones laborales no tengo la oportunidad de vivir ya en Iquique, aunque nací en la ciudad, viví prácticamente en la playa, haciendo deportes varios y compartiendo casi diariamente en el famoso tontódromo.
Sin perjuicio de que ya no vivo en la tierra de campeones, estoy permanentemente visitándola por diversos motivos y, verdaderamente, en uno de mis últimos viajes me dio mucha pena ver el estado en que se encuentra la ciudad.
Evidentemente ya no es la ciudad que acostumbré ver desde mi niñez y juventud.
Verdaderamente se encuentra en un estado, por decir lo menos, calamitoso.
Ciudad afectada además por una situación de migrantes que ha provocado que la delincuencia aumente, la cesantía, las condiciones insalubres prosperen y un largo etcétera, que incluye matonescas y maleteras agresiones a personas y a Carabineros, como se comentó en la columna de la semana pasada.
Pero Iquique, esta ya no tan hermosa ciudad (me refiero a lo estético, porque su gente oriunda es maravillosa y acogedora), se cansó.
Si, se cansó de tanto, de tanto problema, tanto asalto y delincuencia, se cansó de ser el patio de los problemas, de recibir y recibir y absorber los problemas que debieron haberse resuelto desde el gobierno central, y es por ello, que Iquique se levantó. Se levantó desde el cansancio de tanto mejoral.
Se levantó y, con valentía, exigió a las autoridades del gobierno que se de solución a problemas básicos e imprescindibles de resolver.
No se entiende mucho por qué se dejó llegar a esta situación. No se entiende por qué no se enfrentó la situación oportunamente y no se resolvió antes de llegar a lo calamitoso que es el Iquique de hoy.
De seguro el problema que hoy nos aflige será resuelto con soluciones probablemente de parche y superficiales, espero que no sea con discursos para ingenuos ni más dosis de mejorales.
Lo importante, lo que espera el Iquiqueño de siempre es disponer soluciones de mediano y largo plazo, que permitan que en nuestra hermosa ciudad se pueda volver a caminar desde playa brava a los ferrocarriles, en la noche, y sin riesgo de ser asaltado.
Hablando figuradamente, cualquiera puede ver lo poco y básico que pedimos los Iquiqueños.
Hernán Cortez Baldassano
Ingeniero Civil






