Keiko Fujimori asumió este 28 de julio la presidencia de Perú, tras imponerse en una estrecha elección. La lideresa de Fuerza Popular llegó al cargo en su cuarto intento y en medio de una prolongada inestabilidad institucional.
La nueva mandataria deberá conducir un país que ha tenido nueve jefes de Estado durante la última década, marcado además por una fuerte polarización y profundas divisiones sociales.
Bernardo Pacheco, analista internacional y académico de la Universidad de los Andes (Uandes), señala que una de sus primeras pruebas será demostrar que el fujimorismo puede gobernar tras años de influencia en el Congreso.
“Ha sido la colectividad que durante todo este tiempo ha tenido gran parte del control del Congreso y ha mostrado una disciplina fuerte, que probablemente tendría que demostrar ahora que puede gobernar”, explica.
UN MANDATO CON ESCASO MARGEN
Otro punto será la forma en que Fujimori aplique su discurso de “mano dura”. Según Pacheco, ese concepto mantiene inquietudes vinculadas a los casos de violaciones de derechos humanos y corrupción asociados al pasado del sector.
“Hay que ver verdaderamente con qué tipo de actitud y mano dura va a venir gobernando para poder salir de la crisis, que además no la va a tener fácil en un ambiente que está extremadamente polarizado”, afirma.
El académico de la Uandes agrega que la ajustada victoria le entrega un respaldo inicial débil. A ello se suman eventuales dificultades climáticas, una agenda centrada en la economía y un escenario regional tensionado.
Para Pacheco, la presidenta deberá ejercer liderazgo en todo el territorio y responder a realidades diversas. Su capacidad para reunir a sectores hasta ahora enfrentados será clave para recuperar la estabilidad política.







