Señor Director Con un sistema sanitario bajo constante tensión, la bioseguridad en salud se convirtió en una prioridad institucional ineludible. Proteger a quienes cuidan es también proteger a los pacientes.
Acá un ejemplo: cada año se estiman dos millones de punciones accidentales con agujas contaminadas y hasta el 62% de las lesiones cortopunzantes hospitalarias ocurren durante la toma de muestras de sangre, lo que convierte a la fase preanalítica en la ventana de mayor riesgo evitable.
En Chile, este desafío tiene un anclaje normativo claro. La Ley N° 16.744 sobre accidentes del trabajo y enfermedades profesionales, alineada con las directrices oficiales, exige mitigar de raíz estos incidentes, y la innovación tecnológica tiene la respuesta.
Por eso la bioseguridad no es un gasto, sino una inversión estratégica con un triple atributo de valor: Seguridad, al reducir el daño clínico; precisión, al resguardar la calidad de la muestra; y eficiencia, al evitar el ausentismo y la repetición de exámenes.
Desireé Torres
Becton Dickinson
(Foto referencial)







