En los inicios de los 80, yo tenía 6 años, y mi hermano el Toño un año y algo mas. Recuerdo consumir poca televisión, pero la inexorable línea del tiempo, evoca despertar con el «Conejito TV» a través de la pantalla, la entretención se resumía en coleccionar láminas del algún álbum y pegarlas con «Cayman». Las repetidas las intercambiaba por otras o por adoradas esquelas. Me pasaba algo extraño, pero amaba verlas, olerlas y tocarlas. Los diseños de Frutillita , eran mis favoritos, las cuidaba como hueso santo. En fin, pasatiempo de una niña soñadora;con una pepona;un diario de vida; tacitas;monitas y muchos amigos para jugar a la ronda de San Miguel en el barrio más antiguo de la ciudad.
Las guaguas usaban mantillas, se tomaba leche purita, en ocasiones llegaba el doctor Reyno en su citroneta para bajar la fiebre de un cabro chico. Mamá trabajaba en la «junta de administración y vigilancia» de Zofri, y por ende, mi hermanito iba al jardín «Happy Garden» y yo a la «escuela adventista» de calle libertad, mismo sitio, donde antes estuvo el Judevi (Juan Delgado Videla), pero eso es harina de otro costal. Las actividades del jardín estaba a la orden, más si se trataba del aniversario o navidad. Como quedaba cerca del Teatro Municipal, estaba disponible para la realización de tales actos programáticos. El Teatro se inauguró formalmente el 1 de Enero de 1890. Su primer concesionario es el francés Denis Mendiagne. Un comentario decidor para su construcción,“¡Esta hermosa ciudad se merece una teatro superior!”, provino de la famosa diva francesa Sarah Bernhardt en relación a la carencia que sufría la ciudad de una sala digna para los espectáculos internacionales. Por este Teatro, producto del esplendor de la época salitrera pasaron Antonio Vico, Della Guardia, la Fregoli y otros conocidos artistas, lo que refleja el gran auge económico y cultural del puerto. Con el tiempo se realizaron las fiestas de la primavera y el piso quedaba extendido para bailar, tal cual se realizó en décadas atrás.
Con el nacimiento del salitre sintético, comenzó su lamentable deterioro, las butacas se dañaron, el piso sufrió un hundimiento sostenido y muchas tablas comenzaron a apolillarse. Después de la segunda guerra mundial, el Teatro Municipal había perdido la exclusividad para galas de opera, teatro, opereta, zarzuela o ballet. Se ocupó como cine por tres décadas y los iquiqueños de 1973 por ejemplo, son testigos del estreno del «exorcista», más los gritos despavoridos de asistentes retirándose antes del final de la película. Mi tío Chumingo relató entre sus anécdotas juveniles, buscar a oscuras una butaca y caer al vacío en el último piso.
Ad portas de ser inaugurado el Teatro Municipal a fin de año, después de 15 años de arduos trabajos, restauración que comprendió unos 10 millones de dólares aproximadamente. Lo cual involucró una restauración completa de pisos, vigas, cerchas, pinturas , lámparas , cornisas, guardapolvos, iluminación, acústica, sanitarios y otros como el palco presidencial donde pasaban películas.
Era innegable la felicidad para un niño en los 80, asistir al teatro y ver la película » Dumbo» o un musical, donde actuaba tu hermano menor. Recuerdo con precisión, mirar la platea desde un balcón, los asientos blanditos y el escenario cubierto por un telón gigante y pesado. En la adolescencia, asistí a conciertos, las grabaciones del programa «Venga Conmigo» en el año 1996. ¡Uf! , sentía una pena inmensa por el desprolijo de los asistentes a una joya de esta envergadura. Presencié ponencias de profesores en congresos universitarios y a una lúcida Tati Pena hablando de sexualidad femenina. Canté a rabiar la «chica del 17» y «corazón de escarcha» de la estudiantina » Voces del norte» como claro homenaje al más longevo de la agrupación de ese entonces, mi tata Domingo Torrico Yanki. El querido «Chin chin» de la radio Lynch, fue el presentador, decenas de asistentes aplaudiendo a uno de los creadores del primer encuentro de Tunas y Estudiantinas. Yo estaba un poco nerviosa, porque era la nieta de un destacado músico y minero local. Aunque simplemente amados lectores, ese señor moreno y bajito, era mi abuelito, que caminaba conmigo por la pampa, y por el Teatro municipal y sus alrededores.
Sonia Pereira Torrico







