La relación entre bienestar y productividad se ha instalado como uno de los principales desafíos en la gestión empresarial moderna. Sin embargo, lejos de ser automática, esta conexión revela tensiones profundas que las organizaciones aún no logran resolver.
Según explica María José Bosch, académica de la Escuela de Negocios ESE de la Universidad de los Andes (Uandes), «cuando las personas no están satisfechas con su vida, las empresas lo pagan en forma de baja productividad, mayor ausentismo y alta rotación». A pesar del aumento sostenido en la inversión en programas de bienestar durante la última década, los niveles de burnout* continúan en alza, lo que evidencia una brecha entre las iniciativas implementadas y sus resultados reales.
Uno de los principales problemas, advierte, es que estas políticas suelen centrarse en beneficios individuales —como la flexibilidad laboral— sin abordar los factores estructurales que afectan el bienestar. «Elementos como la carga laboral, la falta de desconexión real, el estilo de liderazgo y la cultura organizacional siguen siendo determinantes críticos».
De hecho, datos del Centro Trabajo y Familia del ESE Business School muestran que la flexibilidad horaria o espacial no garantiza mayor bienestar, mientras que sí lo hacen la capacidad efectiva de desconexión y la presencia de liderazgos “amigables con la familia”, capaces de gestionar adecuadamente los tiempos de trabajo y descanso. En este contexto, Bosch enfatiza que «la productividad sostenible no se logra sumando beneficios, sino rediseñando las condiciones en que se trabaja».
LA TELEPRESIÓN
Por otra parte, el impacto del agotamiento sostenido en las organizaciones es significativo. El burnout erosiona el desempeño y compromete la continuidad de los equipos, afectando directamente la capacidad de sostener resultados en el tiempo. Un factor clave en este fenómeno es la llamada “telepresión”: la presión por responder mensajes fuera del horario laboral, la cual se asocia directamente con mayores niveles de estrés y menor bienestar.
El estudio del Centro Trabajo y Familia revela cifras preocupantes: un 17,4% de los ejecutivos chilenos vive en estado de conexión constante con su empresa, mientras que un tercio percibe que se espera disponibilidad fuera del horario laboral. Esta dinámica genera una tensión estructural dentro de las organizaciones, donde se termina premiando —muchas veces de forma inconsciente— a quienes nunca se desconectan, incluso cuando existe evidencia de que la desconexión mejora el desempeño. Finalmente, Bosch plantea que «sostener resultados en el tiempo exige revisar profundamente qué se premia dentro de las organizaciones» y concluye: «el desafío no está en ofrecer más beneficios, sino en transformar las reglas del juego laboral».
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* El síndrome de burnout es un estado de agotamiento físico, emocional y mental crónico provocado por el estrés laboral sostenido. Reconocido por la OMS, se caracteriza por fatiga extrema, desmotivación y bajo rendimiento. No es solo cansancio, sino un desgaste profundo que requiere cambios en el estilo de vida y gestión profesional.







