Señor Director: La democracia desapareció en Grecia por la soberbia, la arrogancia y la prepotencia. Los paladines de la democracia no pudieron contra estas “guerreras” que no usaban arma alguna. Sólo dejaban actuar a los poseídos. Y esperaban.
Los viejos –hombres y mujeres- sabemos porque lo vivimos cuánto cuesta sostener un hogar con sueldos sólo para sobrevivir. Los primeros días del matrimonio son difíciles, sino duros y cansadores hasta la fatiga. ¿Cómo llegar a fin de mes con lo que gano? Era la gran incógnita. Es decir, pagar el arriendo, la luz, el agua, el gas, la locomoción, los alimentos, etc. Y se hace cuesta arriba cuando llegan los hijos. Todo esto después de superarlo, mejor dicho, aguantarlo, aunque enseña. ¡Y muy bien! Y se recuerda, especialmente a la mamá cuando decía: “¿Hijo está seguro de casarse? La vida comienza a mirarse de otra manera y “cae la chaucha” que la vida tiene otro color y que detrás del arco iris hay penas, alegrías, momentos para reír y llorar, pero “se sale a flote”, para vivir en altibajos o ciclos buenos y malos. Como sea, se aprende. Si se quiere aprender. Hay otros que jamás aprendieron.
Pero en la vida hay de todo y más. Hay algunos que tienen suerte, salen del colegio y entran en ámbitos donde los sueldos son extraordinariamente buenos, se saltan la etapa de pagar con dolor la luz, el agua, el gas, etc. Y ellos comienzan a creer que es “llegar y llevar” y aparecen de nuevo (nunca fallan) las tres: La soberbia, la arrogancia y la prepotencia. ¡Y estamos cómo estamos!
Y, para terminar, Rafael Gumucio escribió hace poco en Ex Ante, por el caso de las “Fundaciones”, un artículo que tituló: “Carlos Montes, el profesor distraído”. Y en parte escribió: “¿Es el mismo Carlos Montes de siempre, el probo, el comedido, este profesor distraído que sabe tan poco de lo que pasa en su ministerio? Sí y no. No hay nada hasta ahora doloso en lo que Carlos Montes ha hecho, pero hay mucho de un pecado casi inevitable para todos los políticos que se respetan: la soberbia de creer que se le podía enseñar a toda una generación nueva de políticos cómo hacer bien las cosas”.
Rosalía Lourdes Andrade Y.







