Hay cifras que, por grandes que sean, cuesta dimensionar.
Para 2027, Chile proyecta destinar cerca de $5,1 billones solamente al pago de intereses de la deuda pública. Ese gasto crecerá 7,3% real respecto de este año, bastante más que el gasto total del Gobierno Central.
Traduzcámoslo.
La Teletón 2025 recaudó poco más de $50 mil millones. Eso significa que, en un solo año, Chile gastará en intereses el equivalente a más de 100 Teletones.
Es casi tres veces el presupuesto anual de los 16 gobiernos regionales juntos y más que todo un año del Ministerio de Obras Públicas.
Más de 100 Teletones. Casi tres presupuestos regionales. Más que todo un año del MOP.
Solo en intereses.
No significa que podamos dejar de pagarlos. Las deudas se honran. Ese es precisamente el punto: No es dinero perdido, es dinero comprometido. Son recursos sobre los cuales ya no podemos decidir libremente.
Chile está discutiendo para 2027 un gasto del Gobierno Central cercano a $91,2 billones. No disminuye: crecerá 1,5% real respecto de lo que se espera ejecutar durante 2026.
¿Por qué, entonces, se habla de restricciones? Porque Chile todavía gasta más de lo que recauda y parte de esa diferencia se financia con deuda. Para fines de 2027, la deuda bruta se proyecta en 42,5% del PIB, cerca de la referencia prudente de 45%.
¿Y por qué se solicita autorización para seguir endeudándose? Según explicó el ministro de Hacienda, cerca del 70% de la autorización principal de hasta US$25 mil millones se destinaría a pagar o refinanciar deuda existente. Es como renovar un crédito que vence: La deuda no desaparece, pero tampoco aumenta por todo el nuevo préstamo.
Ordenar las cuentas no significa dejar de endeudarse de un día para otro, sino comenzar a necesitar cada vez menos deuda nueva.
Ahí se entiende la necesidad de priorizar. Si el gasto crece solo 1,5% y algunas áreas aumentan bastante más, otras deben crecer menos, mantenerse o disminuir.
La propuesta pone mayores recursos en seguridad, empleo, salud, vivienda y protección de la niñez, pero también en áreas capaces de generar empleo hoy y habilitar crecimiento mañana.
Una carretera genera empleo mientras se construye y luego conecta ciudades y reduce costos. Un puerto puede atraer inversión y exportaciones. Ese tipo de gasto crea condiciones para producir más.
Y priorizar no basta: Hay que gastar bien, ponderando costo, tiempo y resultado.
Chile tampoco puede recortar su camino hacia el desarrollo. El escenario para 2027 supone un crecimiento de 3,3%. Si queremos financiar mejores pensiones, seguridad, salud, vivienda e infraestructura, necesitamos que la economía produzca más.
Para Tarapacá esta discusión no es teórica.
En agosto, una lluvia y los desprendimientos asociados obligaron a cerrar la Ruta A-16. La principal conexión entre Iquique y Alto Hospicio quedó interrumpida.
Invertir bien significa que una lluvia no vuelva a poner en jaque la conexión entre las dos principales ciudades de nuestra región.
También significa prepararnos para el Corredor Bioceánico.
El Plan Maestro de la Empresa Portuaria Iquique estima que, en un escenario conservador, el corredor podría aportar un millón de toneladas anuales de carga al Puerto de Iquique hacia 2032.
Aterricemos esa cifra.
Si ese volumen lo expresamos, solo para dimensionarlo, como carga equivalente en contenedores de 22 a 24 toneladas, hablamos de más de 40 mil contenedores al año. Sobre unos 300 días efectivos de operación, serían alrededor de 150 camiones diarios: unos seis por hora, durante las 24 horas.
¿Y por dónde entrarían hoy esos camiones al puerto?
Buena parte debería bajar por la Ruta A-16, incorporarse a la vialidad urbana y alcanzar el actual acceso portuario. Y se sumarían al movimiento que ya generan la ciudad, Zofri, el Parque Empresarial y el propio puerto.
La presión sobre nuestra conectividad sería evidente. Y eso en condiciones normales, sin considerar una lluvia como la que este año interrumpió la conexión entre Iquique y Alto Hospicio. No podemos planificar el corredor suponiendo que algo así no volverá a ocurrir.
Las decisiones se están tomando ahora. La actual concesión portuaria termina en 2030 y EPI prepara la nueva concesión que definirá el puerto de las próximas décadas.
Zofri enfrenta una definición igualmente estratégica. Su concesión vigente también termina en 2030 y hoy se discute el modelo con que deberá proyectarse después de esa fecha.
Esa conversación debe mirar también al Parque Empresarial Zofri Alto Hospicio. Si queremos convertirlo en una verdadera plataforma logística del corredor, su capacidad operativa debe acompañar ese desafío. Hoy su actividad se concentra de lunes a viernes. Avanzar al menos hacia una operación regular de lunes a sábado, con presencia aduanera suficiente, debiera ser una condición mínima.
De poco sirve disponer de terrenos, bodegas y empresas preparadas para mover carga si los servicios necesarios no acompañan el ritmo de la logística.
Infraestructura no es solamente cemento. También son accesos, horarios, Aduanas, procesos y capacidad operativa.
Puerto, Zofri, Parque Empresarial, conectividad y última milla son piezas de una misma cadena.
Debemos defender los recursos que corresponden a Tarapacá, pero la discusión no puede terminar en cuánto dinero llega desde Santiago. También debemos preguntarnos qué infraestructura y condiciones operativas necesitamos para transformar nuestras ventajas en inversión, proveedores locales y empleo formal.
Porque querer que el Estado haga más es legítimo. El desafío es financiarlo de manera sostenible.
Para conseguirlo necesitamos tres cosas al mismo tiempo: Crecer más, gastar mejor y cuidar cada peso.
Cuando un país destina más de 100 Teletones solamente a intereses, comienza a entender una realidad concreta: Una parte de las decisiones de mañana ya fue tomada con las deudas de ayer.
- *René Ávila Álvarez es Ingeniero Comercial, Fundador de CEDET Tarapacá y Director de la Cámara de Industria de Alto Hospicio A.G. (CIAH).








