–A fines de mayo se conmemora el Día Mundial Sin Tabaco y especialistas advierten sobre un hábito que continúa afectando la salud de millones de personas, muchas veces sin síntomas evidentes durante años.
No es “solo un cigarrillo” y nunca es demasiado pronto para dejarlo. Cada inhalación expone al organismo a miles de sustancias tóxicas capaces de dañar silenciosamente el corazón, endurecer las arterias y deteriorar progresivamente los pulmones.
Aunque muchas personas siguen asociando el tabaquismo principalmente al cáncer o a enfermedades respiratorias, hoy la evidencia médica confirma que fumar también es uno de los principales factores de riesgo para desarrollar patologías cardiovasculares, incluyendo infartos y accidentes cerebrovasculares.
Según cifras de la Organización Mundial de la Salud, el tabaco mata a más de siete millones de personas cada año en el mundo y cerca de 1,6 millones de esas muertes corresponden a personas expuestas al humo ajeno. Además, el organismo advierte que el tabaquismo continúa siendo una de las amenazas más graves para la salud pública global.
El daño que comienza antes de los síntomas
Aunque muchas personas relacionan el cigarro exclusivamente con problemas pulmonares, el daño cardiovascular puede comenzar incluso antes de que aparezcan síntomas evidentes. La nicotina, el monóxido de carbono y otras sustancias tóxicas presentes en el humo alteran el funcionamiento de los vasos sanguíneos, elevan la presión arterial y favorecen la formación de coágulos.
Según registros de Interclínica, los ingresos a urgencia por infarto agudo al miocardio aumentaron un 38% en 2025 respecto del año anterior en el conjunto de la red. Del total de casos, el 64,3% correspondió a hombres y el 35,7% a mujeres, evidenciando un alza importante de eventos cardiovasculares asociada, entre otros factores, al deterioro sostenido de hábitos de salud y al aumento de riesgos prevenibles como el consumo de cigarrillos.
“Uno de los grandes problemas del tabaquismo es que muchas veces el daño cardiovascular avanza en silencio. Hay pacientes jóvenes que creen estar sanos porque no presentan falta de aire o tos persistente, pero ya tienen inflamación vascular o hipertensión asociada al consumo de tabaco”, explica el doctor Damián Pronello, Broncopulmonar de San José Interclínica.
El riesgo no depende únicamente de la cantidad de cigarrillos consumidos. Incluso fumar de manera ocasional puede generar alteraciones importantes en el sistema circulatorio. “La exposición frecuente al humo de segunda mano —también conocido como ser ‘fumador pasivo’— también incrementa las probabilidades de desarrollar enfermedades cardíacas, especialmente en niños, adultos mayores y personas con patologías preexistentes”, agrega el especialista.
ACV: una amenaza creciente
El impacto del tabaco también se relaciona directamente con el aumento del riesgo de accidentes cerebrovasculares (ACV), ya que el humo favorece la obstrucción y el daño progresivo de las arterias que irrigan el cerebro.
Según data de Interclínica, los ingresos a urgencia por ACV aumentaron un 32,3% en 2025 respecto del año anterior. Del total, un 59% correspondió a hombres y un 41% a mujeres, con un incremento especialmente marcado en la población masculina.
El tabaquismo puede acelerar procesos inflamatorios y vasculares que elevan considerablemente la probabilidad de sufrir este tipo de eventos, especialmente cuando se combina con hipertensión, colesterol elevado, estrés, obesidad o sedentarismo.
“Muchas veces el paciente no relaciona el cigarro con un accidente cerebrovascular porque cree que el daño ocurre solo en los pulmones. Pero el tabaco afecta directamente la circulación y puede tener consecuencias graves incluso en personas relativamente jóvenes”, agrega el especialista de San José Interclínica.
Pulmones bajo presión
A nivel respiratorio, el impacto sigue siendo crítico. El humo del tabaco deteriora progresivamente la capacidad pulmonar y favorece enfermedades como bronquitis crónica, enfisema y Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC). Además, aumenta el riesgo de infecciones respiratorias y agrava cuadros asmáticos.
“Los pulmones tienen cierta capacidad de recuperación, pero cuando la exposición al tabaco se mantiene durante años el daño puede volverse irreversible. Lo complejo es que muchas personas normalizan síntomas como la tos matinal o la sensación de cansancio al subir escaleras, sin darse cuenta de que ya existe un deterioro importante”, señala el doctor Carlos Martinez, Broncopulmonar de Cordillera Interclínica.
La preocupación médica también se ha extendido al uso de cigarrillos electrónicos y dispositivos de vapeo, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes. Aunque muchas veces se presentan como alternativas “menos dañinas”, distintos organismos internacionales —entre ellos la OMS— han advertido que contienen nicotina y compuestos tóxicos capaces de afectar tanto la salud respiratoria como cardiovascular.
“Existe una percepción equivocada de que vapear no genera daño importante, especialmente entre los más jóvenes. Sin embargo, estos dispositivos también pueden producir dependencia, inflamación de las vías respiratorias y alteraciones cardiovasculares. No son inocuos y su uso sostenido puede tener consecuencias importantes para la salud”, advierte el doctor Martinez.
Nunca es tarde para dejar de fumar
Especialistas advierten que el tabaquismo, combinado con factores cada vez más frecuentes como sedentarismo, obesidad, estrés crónico e hipertensión, puede acelerar el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y aumentar el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares a edades más tempranas.
Aun así, dejar el cigarro genera beneficios casi inmediatos. Apenas veinte minutos después del último consumo disminuye la frecuencia cardíaca y, con el paso de las semanas, comienzan a mejorar la circulación y la función pulmonar. A largo plazo, el riesgo de enfermedades cardíacas y respiratorias también disminuye significativamente.
“Muchas personas piensan que ya es tarde para dejar de fumar después de años consumiendo tabaco, pero nunca es tarde. El cuerpo tiene una enorme capacidad de recuperación y abandonar este hábito puede marcar una diferencia muy importante en la calidad y expectativa de vida”, concluye el doctor.







