Después de casi ocho años de discusión en el Congreso, ya se avanza en los detalles finales de la nueva Ley de Migraciones, que reemplaza a la actual de 1975, lo que genera cambios importantes en la materia, y en específico en cuatro puntos:
(1) El primero es la creación de una nueva institucionalidad, el Servicio Nacional de Migraciones y sus Direcciones Regionales.
(2) El segundo es sincerar las razones por la cual se vienen al país, de manera que quienes vengan con intenciones de vivir en Chile, pidan visa en los consulados y tengan cédula de identidad desde el primer día. A su vez, existe un catálogo flexible de visas, que permite un adecuado control y regularidad de la migración, y planificar con los gobiernos locales y regionales su integración y desarrollo laboral.
(3) El tercero es pasar de una Ley de Extranjería a una Ley de Migraciones, donde el Estado promoverá los derechos de los extranjeros, así como también sus deberes y obligaciones. El inmigrante debe asumir, como todos los chilenos, los deberes que le corresponden por haber escogido nuestro país para vivir.
(4) Por último, la no criminalización del ingreso clandestino, facilitando la expulsión administrativa para mejorar los incentivos en desincentivar el uso de pasos no habilitados.
Sobre este último punto, es fundamental clarificar que hoy un extranjero que ingresa de forma clandestina a nuestro país, esto es, escondido de la autoridad migratoria, evitando dar la cara en la frontera, es un delito con la actual ley, y seguirá siendo una grave falta a la legislación con la próxima. Es por ello que es fundamental entender que un extranjero que ingresa “a la mala” a nuestro país, se iniciará en todos los casos su proceso de expulsión, y nunca logrará conseguir una cédula de identidad para poder insertarse en Chile, por lo que tomar esta decisión es perjudicial tanto para la región por donde ingresa, como el país que lo recibe, su propia familia, y para la relación entre nacionales y extranjeros.
Sobre este tema, la región de Tarapacá, y principalmente sus ciudades como Iquique, Huara, Alto Hospicio y Colchane, se han visto tremendamente afectados por el aumento del ingreso clandestino, que ocurre por los incentivos que tienen para entrar a Chile. En concreto, esto se ha generado por las expectativas de extranjeros que creen que en Chile no es necesario respetar las leyes o es fácil vivir sin visa o RUT, han sido engañados por coyotes u otras personas que se aprovechan de su vulnerabilidad, o caen en las falsas promesas de organizaciones y autoridades que insisten en que Chile no debe controlar sus fronteras, mantener una lógica de “turismo laboral” y regularizar a extranjeros en Chile que hayan cometido delitos o crímenes.
Esto, en conjunto con una amplia frontera de difícil control, genera circunstancias de riesgo complejas, ya que comenten un delito y se inicia un proceso de expulsión, y los deja expuestos a abusos, especialmente en materia laboral y de vivienda. Cualquier autoridad u organización que promueva, justifique, minimice o naturalice el ingreso clandestino, está pensando más en su propuesta ideológica de un Chile sin restricción más que en la real inserción de un extranjero que lo va a pasar muy mal en nuestro país.
Por ello, esta nueva ley plantea una oportunidad. De tener una Dirección Regional, de tener procedimientos expeditos para expulsiones administrativas, de mejorar la coordinación con la sociedad civil, organizaciones, municipalidades y gobiernos regionales, de trabajar en materia de inclusión e integración, de tener una mirada integral sobre la migración. Pero a su vez, el desafío es que los extranjeros entiendan que si vienen a nuestro país deben hacerlo de forma regular, con visa y RUT, lo que facilita su integración y el respeto a sus derechos, y recordar que las instituciones y organizaciones que defienden y promueven la irregularidad migratoria, y lo ocupan para justificar cuando se comenten delitos, lo están haciendo por un interés propio, muy lejano de una nueva institucionalidad que debe mejorar la calidad de vida de nacionales y extranjeros.
Tarapacá es la región con más extranjeros en Chile proporcional a su población, y la que más se ha visto afectada por los ingresos clandestinos. No permitamos que se naturalice esta situación, donde es fundamental trabajar juntos para expulsar a quienes cometen delitos, encarar a quienes defienden estas instancias, y fomentar la cohesión, oportunidades y desarrollo de capacidades para nacionales y extranjeros.
Alvaro Bellolio, Director del Departamento de Extranjería y Migración.
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