- Su director ejecutivo, Gabriel Cestau, explica que “postergar la edad legal de retiro eleva más las pensiones, es mucho más simple de implementar y puede hacerse de un modo progresivo para dar tiempo a la adaptación”.
El Observatorio Perspectivas ha lanzado su último informe «Seguro de longevidad en simple», abordando los desafíos que el creciente aumento en la esperanza de vida impone al sistema de pensiones de Chile. El documento se centra en la propuesta de modificar las tablas de mortalidad y la implementación de un seguro de longevidad que, según la corporación, sería más riesgoso y regresivo que otros mecanismos propuestos.
Las tablas de mortalidad actuales, que proyectan una esperanza de vida hasta los 110 años, sugieren que, en promedio, hombres y mujeres recién pensionados vivirán hasta los 87 y los 91 años, respectivamente. Bajo el esquema mencionado, las tablas se recortarían hasta los 85 años, apuntando a que los ahorros previsionales se concentren en un periodo más acotado para así aumentar el monto mensual de jubilación. No obstante, el informe detalla que si se rebajan las tablas de mortalidad a 85 años, debe implementarse una manera de cubrir las pensiones de quienes vivan efectivamente por sobre ese límite de edad.
El director ejecutivo del Observatorio Perspectivas, Gabriel Cestau, explica que “cortar las tablas de mortalidad a la edad de 85 años e ignorar que cada vez más personas superarán ese umbral es una política pública totalmente contradictoria. Sobre todo, si no se piensa cómo se atenderá a los que superen dicho umbral. De lo contrario, unas 127 mil personas podrían quedar sin recursos suficientes para financiar sus pensiones más allá de esa edad”.
Además, se estima que la población de más de 85 años aumentará 6,3 veces en las próximas ocho décadas, pasando desde 314 mil actualmente a casi dos millones en 2094. Esto evidencia la necesidad de adaptar el sistema actual para manejar este aumento de manera adecuada.
El seguro de longevidad, según el informe, podría incrementar las pensiones en un 20-21% a largo plazo. No obstante, la financiación de este seguro implicaría un costo de entre 1% y 4% del salario de los trabajadores, además de casi un 1% adicional para cubrir a las generaciones que no han contribuido a su financiamiento.
Por otro lado, la implementación de un seguro de longevidad conllevaría un alto nivel de riesgo por la necesidad de rediseñar el sistema de pensiones y gestionar adecuadamente la transición. “Además, los costos podrían verse incrementados si no hubiera ninguna compañía de seguros de vida dispuesta a tomar el riesgo de longevidad a un precio razonable, obligando al Estado a llevar adelante una función para la que no está preparado”, explica el informe.
Frente a estos desafíos, el Observatorio Perspectivas sugiere alternativas menos disruptivas y más inmediatas, como el retraso en la edad legal de jubilación en tres años y la mejora en la educación previsional para aumentar la comprensión de la rentabilidad y los riesgos asociados a las decisiones de inversión en el contexto previsional.
“Postergar la edad legal de retiro eleva más las pensiones que un seguro de longevidad, es mucho más simple de implementar y puede hacerse de un modo progresivo para dar tiempo a la adaptación”, explica Cestau.
Es así como el documento explica que si una mujer postergara tres años su retiro legal, lograría una pensión 24% mayor durante toda su vida pasiva, superior al incremento de 20% que obtendría solo en la tercera edad con la implementación del seguro de longevidad a los 85 años.
El informe concluye que “un seguro de longevidad no sería una política pública recomendable como herramienta para mejorar las pensiones de los chilenos. Primero, por su potencial regresividad. Y segundo, porque hay mecanismos más simples y fáciles de implementar para incrementar las pensiones de forma rápida, como puede ser complementar la pensión por meses cotizados o retrasar la edad legal de jubilación”.







