Señor Director: Esos que creen que las saben todas y después deben morderse la lengua, me refiero especialmente a los muchos que estuvieron, están y estarán, en la política (de todos los colores), es bueno que lean lo siguiente que encontré leyendo prensa internacional y que ya conocía por la calidad del famoso escritor y por mi edad. Aquí va:
“Se necesitan dos años para aprender a hablar y 60 para aprender a callar” es una de las frases más citadas de Ernest Hemingway, y también una de las que mejor condensan su visión sobre la vida.
En tiempos donde hablar parece urgente, Hemingway dejó una idea incómoda, pero poderosa: quizás una de las lecciones más difíciles de la vida no sea encontrar la voz, sino saber cuándo usarla.
La reflexión apunta menos al silencio literal que a la sabiduría que implica medir las palabras. En una época marcada por la sobreexposición y la necesidad constante de opinar, la frase conserva una actualidad sorprendente.
La interpretación más extendida de esta cita gira en torno a la prudencia. Aprender a hablar forma parte del desarrollo humano básico, mientras que aprender a callar implica reconocer límites, evitar impulsos y comprender que no toda verdad necesita ser dicha de inmediato.
La frase funciona como una reflexión sobre inteligencia emocional, experiencia y dominio personal. No se trata de censurarse, sino de desarrollar criterio.
En ese sentido, Hemingway sugiere que el paso del tiempo enseña algo que la juventud muchas veces desconoce: hablar puede ser sencillo, pero comprender cuándo el silencio es más valioso requiere décadas.
La potencia de esta frase, absolutamente vigente, puede entenderse desde varios ángulos:
-Madurez emocional: aprender a controlar impulsos y elegir mejor las palabras.
-Sabiduría práctica: entender que no toda opinión necesita expresarse.
-Autodominio: callar también puede ser una forma de inteligencia.
– Valor del lenguaje: hablar menos puede dar más peso a lo que se dice.
Nacido en 1899, Hemingway fue periodista, corresponsal de guerra y uno de los escritores más influyentes del siglo XX. Ganador del Premio Nobel de Literatura en 1954.
Obras como «El viejo y el mar», «Adiós a las armas» o «Por quién doblan las campanas» consolidaron su estilo directo, sobrio y profundamente influyente. Su experiencia personal —marcada por guerras, viajes y una vida intensa— también alimentó muchas de sus reflexiones.
Esa combinación entre acción, observación y síntesis explica por qué sus frases suelen conservar fuerza décadas después. La célebre sentencia sobre aprender a callar parece, en definitiva, una extensión de su filosofía: la verdadera profundidad no siempre está en decir más, sino en entender mejor.
Rosalía Lourdes Andrade Y.







