El 1977 la Organización Mundial de la Salud (OMS) proclamó el 11 de abril como el Día Mundial del Parkinson, con el objetivo de concientizar y sensibilizar a la ciudadanía acerca de esta enfermedad neurodegenerativa, la cual afecta a millones de personas alrededor del mundo.
El Parkinson, antiguamente conocido como parálisis agitante, corresponde a una enfermedad neurológica del sistema nervioso central, crónica y progresiva, caracterizada por la presencia de temblores, rigidez muscular, dificultades de equilibrio y lentitud de movimientos. Con el pasar de los años, puede incluir síntomas cognitivos, dificultando la atención, la memoria y resolución de problemas.
Muchas veces la sociedad, producto de estigmas y/o prejuicios, genera “etiquetas” con relación a quienes padecen esta enfermedad, produciendo un impacto psicológico importante, lo cual genera aislamiento no solo de los usuarios, sino también de sus familiares y/o cuidadores.
El tratamiento apunta hacia el uso de medicamentos que permitan sobrellevar la sintomatología, sin embargo, este pierde eficacia si no es complementado con las intervenciones no farmacológicas, a través del uso de actividades de estimulen la atención y la memoria, el entrenamiento de destrezas motoras, la participación en reuniones sociales, la práctica de habilidades artísticas e involucrarse en actividades lúdicas. Todas estas acciones permitirán enlentecer el progreso del Parkinson, mejorará la participación en las actividades y/o tareas significativas, favoreciendo la adaptación del usuario y su familia a los diversos cambios que puede ir generando el diagnóstico con el tiempo.
No debemos olvidar el rol trascendental que posee la sociedad, de manera de contribuir a la inclusión de las personas que padecen esta condición, educándose en torno a esta situación, siendo partícipes activos de voluntariados de concientización y usando las redes sociales para difundir información positiva.
*Ignacio Catalán Académico Escuela de Terapia Ocupacional Universidad de Las Américas







