¿Debe una mujer elegir entre formar una familia y desarrollar una carrera?
La mayoría respondería que no. Sin embargo, durante años nuestra legislación laboral terminó generando una contradicción incómoda: una norma creada para proteger a las mujeres terminó dificultando su contratación.
En Tarapacá viven 186.463 mujeres. Según el Censo 2024, 61.185 mujeres entre 15 y 49 años tienen hijos. Para muchas de ellas, compatibilizar trabajo, crianza y desarrollo personal sigue siendo uno de los principales desafíos de la vida cotidiana.
Por eso la discusión sobre la Sala Cuna Universal merece atención.
Durante años, la legislación laboral estableció que las empresas con veinte o más trabajadoras debían financiar sala cuna para los hijos menores de dos años. Aunque la intención era proteger la maternidad, el costo asociado al beneficio quedó vinculado a la contratación femenina. Mientras una empresa con 19 trabajadoras no asumía ese costo, una con 20 sí debía hacerlo.
Muchos empleadores jamás lo reconocerían públicamente, pero los incentivos importan. Cuando una obligación recae sobre un grupo específico, inevitablemente influye en las decisiones. Así, una política creada para apoyar a las mujeres terminó transformándose, en algunos casos, en una barrera silenciosa para su contratación.
La Sala Cuna Universal busca corregir precisamente esa distorsión. El beneficio deja de depender del número de mujeres contratadas y pasa a financiarse mediante un fondo común, desligando el acceso a sala cuna de la composición de la dotación de una empresa. En otras palabras, se elimina una barrera que durante años afectó tanto a las trabajadoras como a los empleadores.
La importancia de esta discusión va más allá del empleo.
La última encuesta CEP mostró que los chilenos tienen en promedio 1,7 hijos, pero les gustaría tener 2,4. La principal razón que explica esa diferencia es económica. Muchas personas no han renunciado a formar una familia; simplemente sienten que hacerlo es cada vez más difícil.
La evidencia internacional apunta en la misma dirección. La OCDE ha señalado que las políticas que permiten compatibilizar trabajo y crianza contribuyen a una mayor participación laboral femenina y generan mejores condiciones para el desarrollo de las familias.
Por supuesto, la Sala Cuna Universal no resolverá por sí sola las brechas laborales ni el desafío demográfico que enfrenta Chile. Pero sí ayuda a remover una barrera concreta que durante demasiado tiempo afectó a mujeres que querían trabajar y a familias que querían proyectarse con mayor seguridad.
Tarapacá necesita aprovechar plenamente el talento de sus mujeres. Necesita más oportunidades, más empleo y más familias que puedan desarrollar sus proyectos de vida con mayor tranquilidad.
Durante años intentamos proteger a las mujeres mediante una norma que terminó dificultando su contratación. Corregir ese error no es sólo una discusión laboral. Es una señal de que Chile comienza a entender que apoyar a las mujeres, fortalecer a las familias y promover el crecimiento económico no son objetivos distintos. Son parte del mismo desafío.
*René Ávila Álvarez es Ingeniero Comercial, MBA, Magíster en Comunicación Estratégica y Fundador del Centro de Estudios para el Desarrollo de Tarapacá, CEDET Tarapacá. @c.e.d.e.t.







