-(Consignado por EX ANTE).- El SEA publicó 296 observaciones ciudadanas al proyecto minero de cobre por US$345 millones de Collahuasi, en Tarapacá. Los reparos exigen georreferenciar cactus, evaluar el impacto sobre la chinchilla y alertan sobre el estrés que el ruido de la maquinaria y las eventuales tronaduras podrían provocar en el ganado.
Qué observar. Este miércoles (28 de octubre), el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) publicó el documento que contiene los reparos de la ciudadanía al proyecto llamado “Modificación de extracción de estéril rajo Rosario, nueva cantera Ujina y ajustes en sistema de bombeo de relaves, faena Cordillera”, el cual es impulsado por Collahuasi en Tarapacá.
La iniciativa ligada a la industria del cobre contempla aumentar temporalmente el movimiento de material en el rajo Rosario, el principal de la mina, de unos 300 a cerca de 330 millones de toneladas anuales entre 2027 y 2030. La empresa busca recuperar el terreno perdido entre 2022 y 2026, cuando dejó de remover 174 millones de toneladas de roca sin cobre aprovechable, que debe retirar para llegar al mineral.
La empresa también apunta a operar una cantera nueva, de la cual sacarán 47,43 millones de toneladas de material entre el segundo semestre de 2027 y el primero de 2030. Y, trasladarán la estación de bombeo de relaves unos 600 metros hacia el sur, ocupando 4,2 hectáreas adicionales.
Según el cronograma de Collahuasi, la fase de construcción comenzará en 2030 y requerirá una mano de obra de hasta 131 trabajadores. La etapa de aumento del movimiento de material en el rajo Rosario comenzará a mediados de 2027.
La iniciativa, que contempla una inversión de US$ 345 millones, es propiedad de Anglo American (44%), Glencore (44%) y Japan Collahuasi B.V. (12%).
El proyecto fue ingresado a tramitación ambiental a mediados de junio. Marcó un hito al convertirse en la última inversión impulsada por Jorge Gómez, antes de su arribo como presidente ejecutivo a Codelco.
Las observaciones clave. El documento llamado “anexo de participación ciudadana” -de 299 páginas- agrupa 296 observaciones formuladas por personas naturales, comunidades y organizaciones no gubernamentales. Entre las exigencias impuestas destacan las siguientes:
Flora. Se cuestiona la información geoespacial presentada por la compañía y pide georreferenciar a los cactus llamados cumulopuntia ignescens y puskaya.
La ciudadanía también solicita a la empresa identificar dónde se genera el polvo por los movimientos de tierra, la extracción y el transporte de material, el tránsito de vehículos y el uso de maquinaria. Pide que muestre en mapas cómo estas emisiones se relacionan con la vegetación, especialmente la planta de crecimiento lento llamada llareta -azorella compacta-.
Se solicita al titular delimitar cartográficamente las áreas de intervención del proyecto que pudieran afectar directa o indirectamente a la llareta.
“Una vez definidas dichas áreas, realizar un microruteo complementario que permita identificar y georreferenciar los ejemplares presentes en los sectores potencialmente afectados”, se lee en el documento.
Chinchilla. Se exige a Collahuasi explicar cómo sus obras podrían afectar a la chinchilla -un pequeño roedor nativo de la Cordillera de Los Andes-, considerando que el proyecto se ubica dentro del área protegida por el Plan de Recuperación, Conservación y Gestión de Especies para este animal.
La observación ciudadana pide a la compañía evaluar los posibles daños a la chinchilla y su hábitat por el movimiento de tierra, el polvo y el tránsito de vehículos.
La ciudadanía también solicita un muestreo específico de la chinchilla, con cámaras trampa, búsqueda de fecas y madrigueras en roqueríos y campañas nocturnas.
“Especies sagradas”. La comunidad indígena llamada Ceballos Carrero dijo que ya se “ha evidenciado atropellos y muertes de las especies sagradas, donde no se han generado cambios sostenibles en el tiempo, donde Collahuasi ya ha sido sancionado y denunciado por estos actos producto de las operaciones propias del proyecto en la flora, fauna y recursos naturales”.
La comunidad solicita que la empresa evalúe la potencial afectación sobre los hábitats utilizados por guanacos y camellos, y realizar una nueva caracterización de flora y fauna en la zona.
Ruido y estrés. Se cuestiona también que la empresa omite evaluar el ruido de baja frecuencia generado por la maquinaria pesada en la zona y la nueva flota de camiones sobre el ganado.
La observación señala que “los camélidos domésticos son extremadamente sensibles al ruido, lo que genera estrés, dispersión y pérdida de tasas de natalidad (…) exigimos que se declare explícitamente si habrá tronaduras en la cantera Ujina y cuál será el nivel de presión sonora (en decibeles) en nuestras áreas de uso”.








