La caída de 0,1% del IMACEC conocida la semana anterior volvió a instalar una discusión incómoda para Chile: cómo recuperar el crecimiento en una economía que lleva más de una década avanzando con debilidad.
En ese contexto, el informe presentado por el Consejo Fiscal Autónomo (CFA) sobre el proyecto de reconstrucción económica rápidamente comenzó a ser utilizado políticamente. Parte de la oposición interpretó las observaciones del organismo como un rechazo al proyecto. Pero basta leer el documento para advertir algo muy distinto.
El propio CFA señala que “valora especialmente que el proyecto priorice el crecimiento económico” como un elemento clave para fortalecer la sostenibilidad fiscal de mediano plazo. Lo que advierte es que los costos fiscales son inmediatos y ciertos, mientras que los beneficios del crecimiento tardan más en materializarse y dependen de que la economía efectivamente responda.
Es una advertencia de prudencia fiscal, no una negación del crecimiento. Y esa diferencia importa.
La percepción ciudadana refleja esa misma tensión. Según la última encuesta Criteria, un 37% se manifiesta a favor del proyecto de reconstrucción económica impulsado por el gobierno, mientras un 30% está en contra y un 33% aún no tiene una posición clara. Más que un rechazo categórico, los datos parecen mostrar que una parte importante del país todavía espera entender si esta propuesta será realmente capaz de traducirse en más inversión, crecimiento y empleo.
Por eso preocupa que el debate se esté desplazando desde cómo perfeccionar el proyecto hacia cómo impedirlo. Las cerca de 2.500 indicaciones anunciadas por sectores de la oposición son parte legítima del proceso legislativo. La verdadera pregunta es si este ejercicio servirá para mejorar realmente la iniciativa o derivará en una lógica de obstrucción que postergue indefinidamente decisiones urgentes.
En regiones como Tarapacá esta discusión no es teórica. El PIB regional cerró 2025 con una caída de 8,3%, la peor del país, mientras casi 19 mil personas siguen desempleadas. Detrás de esas cifras hay proyectos postergados, menor actividad económica y miles de familias esperando oportunidades que no llegan.
El informe del CFA no cerró la puerta al crecimiento. Más bien recordó algo que Chile parece haber olvidado: crecer sigue siendo indispensable, pero hacerlo bien —con responsabilidad fiscal— también lo es.
Porque el peor riesgo para un país no es debatir cómo crecer.
El peor riesgo es acostumbrarse al estancamiento.
*René Ávila A. es ingeniero comercial, MBA, Magíster en Comunicación Estratégica, postítulo en Ciencias Políticas y Gerente de ICB Food Service







