Chile en general, pero Tarapacá en particular enfrentan hoy una disyuntiva clara: seguir reconstruyendo con más impuestos, más burocracia y más lentitud, o activar de verdad la inversión, el empleo y la productividad. El proyecto de ley de reconstrucción impulsado por el Presidente José Antonio Kast propone justamente ese giro: poner a la inversión privada y al empleo en el centro de la recuperación.
No es una ley más. Se basa en tres ejes clave: incentivos para destrabar proyectos productivos, simplificación regulatoria con reglas claras y plazos acotados, y un foco decidido en empleo y ejecución de obras en zonas rezagadas como Iquique y El Tamarugal.
El debate suele centrarse en si es responsable ajustar la carga tributaria a las empresas cuando el Estado necesita recursos. Pero la pregunta de fondo es otra: ¿Cómo se genera la riqueza que financia al propio Estado? Sin crecimiento, no hay recaudación sostenible. Y Chile enfrenta un dato incómodo: está entre los países con mayor impuesto corporativo dentro de la OCDE, lo que limita su competitividad.
La Curva de Laffer lo explica de forma simple: Cuando las tasas son excesivas, la inversión cae, el empleo se frena y la base tributaria se reduce. Al contrario, ajustar cargas altas puede reactivar la economía y ampliar esa base. Países como Irlanda, Reino Unido y Canadá muestran que reducir impuestos en contextos adecuados puede impulsar inversión, empleo y, en el tiempo, mayor recaudación.
En Tarapacá esto no es teoría. Son pymes proveedoras, comerciantes, transportistas y emprendedores que postergan decisiones o simplemente sobreviven. Son familias que necesitan empleo formal y estabilidad.
Apoyar esta ley no implica desconocer la necesidad de orden fiscal. Al contrario, exige disciplina en el gasto y eficiencia del Estado. Pero sin reactivar la inversión, todo lo demás es insuficiente.
La urgencia es evidente: Cada trimestre de estancamiento son empleos que no se crean y oportunidades que se pierden. Tarapacá no puede seguir esperando.
Sin inversión, no hay crecimiento. Y sin crecimiento, no hay reconstrucción posible.
*René Ávila A. es Ingeniero Comercial, MBA, Magíster en Comunicación Estratégica, consultor y gerente de ICB Food Service







