Señor Director: Cerca del 50% de los adultos en Chile cree que la inteligencia artificial (IA) causará daño, mientras que menos del 30% piensa que será beneficiosa, de acuerdo a un informe de la OCDE. Sin embargo, la IA, como toda tecnología, es un hacer humano, luego sujeto a los dictados de quienes las desarrollan, quienes las regulan, quienes la usan. No es “la tecnología” quien amenaza o la responsable, sino las personas y el orden social donde esas tecnologías se desarrollan.
La historia muestra que las tecnologías no son inherentemente peligrosas o beneficiosas. Algunas solo traen beneficios, como una lavadora o una silla de ruedas; otras, como un fármaco o un explosivo, dependen del uso que le demos; y otras han sido monopolizadas para usos nefastos como las armas o la cocaína.
Para evitar estos temores, debemos conocer que es la inteligencia artificial, dominarla y regularla. Las fallas técnicas se combaten aprendiendo y con regulaciones estrictas para testear los productos antes de su uso masivo. Para los abusos, una legislación y la responsabilidad personal sobre nuestros datos es crucial; para los cambios sociales, responsabilidad política y participación en el direccionamiento de los desarrollos de la IA; y para la autonomía de la IA, ahora que conocemos qué es, tranquilidad ante estas fantasías de futuro.
En resumen, contra los temores ante la IA, debemos aprender, conocer, impulsar regulaciones y políticas y participar en su desarrollo y sus usos éticos. El peligro real no es que la IA se vuelva contra nosotros, sino que los grupos con poder la usen a su gusto contra una ciudadanía ignorante de sus posibilidades y alcances. Depende de todas y todos nosotros evitarlo.
Claudio Gutiérrez, investigador IMFD y académico Universidad de Chile.







