Tras la expansión de la producción salitrera durante la segunda mitad del Siglo XIX, Iquique vivió un auge económico sin precedentes que transformó su casco urbano de manera significativa; tras la destrucción de parte importante de éstas como consecuencia de varios incendios y terremotos, desde fines del Siglo XIX y principios del Siglo XX se comenzó a levantar en la ciudad las edificaciones que le dan a Iquique la estampa arquitectónica y urbana que conserva hasta el día de hoy.
En los 70, sagradamente a las siete de la tarde, los jóvenes comenzaban a caminar desde una esquina hasta el Casino Español. Con tal de encontrarse o coincidir con ese chiquillo aquel para pedir pololeo o pedir simplemente la amistad. Algunos muchachos se detenían a conversar, y hacían dos filas para que la gente pasara por el centro. La idea de ellos era observar a todas las chicas que se paseaban por ahí. Se miraban y se elegían. Logrado tal cometido, se retiraban del «Tontódromo», para ir a la Pérgola o bien explorar otros lugares como el restaurante Gigi, pastelería Cerisola o bien ver el estreno de la película «El exorcista» en el Muni . Las chiquillas lucían sus mejores pintas confeccionadas por las modistas que muchas ocasiones eran sus madres y abuelas. Cuántos corazones comenzaron a pololear, a escribir el amor bajo el cielo iquiqueño en cartas. Cuántos se casaron y aún siguen juntos escribiendo las letras por las calles del puerto. Década donde los jóvenes oían a sus padres, abuelos y tíos. Los únicos que respetaron a sus profesores y abuelitos. Estudiaron en colegios y universidades públicas. Tenían 3 meses de vacaciones y clases de francés. No había seguros médicos privados y se jugaba en las calles. A nivel internacional la «guerra de Vietnam» dominaba la mayor parte de la vida política. La Casa Blanca fue escenario del escándalo «Watergate». El bloque comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas , empezaron a dar señales de desintegración. En Chile el toque de queda en primera instancia comenzaba a las 3 de la tarde, luego a las 6 y por último a las 8 . La juventud debía adaptarse a esta nueva forma de vida, así que siempre andaban pendiente de la hora y aprovechando cada segundo y minuto para bailar un lento y conquistar a la chica o chico que te gustaba. El programa favorito era «Música Libre» con el lolo Peña, en ese espacio juvenil se marcaba la tendencia de la música, coreografías y la moda (pantalón pata elefante y zapatos con terraplén). En Iquique el olor a progreso se llevaba la playa bonita de El Colorado y la Zofri se instala como la nueva puerta del modelo neoliberal. La juventud iquiqueña participaba en clubes deportivos y grupos folclóricos. Se divertía con las discotheques «Don Sata» y «Judevi»; esta última ubicada en Libertad (actual colegio adventista). Los grupos musicales que alegraban las fiestas eran los «New Demond», «Los Bingos», «Los Angelos» y los «Soul Glass».
Estela y Patricio pololearon nueve años con intermediarios, ella en el liceo de niñas y él en el Don Bosco. Se casaron en Iquique y festejaron en el Casino Español. En el segundo piso cenaron, con bar abierto, puro «Chivas»; comenta Estela con nostalgia. Y en el primer piso se realizó el baile, sino el Casino se venía abajo. Patricio a esas alturas ya era oficial de carabineros, de servicio en Iquique. Pero con los años fue trasladado a San Fernando.
Cuando Iquique aún no se recuperaba del terremoto y la muerte de la Kenita en 1987, fallece Patricio, un 12 de noviembre, en un accidente de avión con tres oficiales en Santiago. Sólo quedan los recuerdos, las memorias del corazón en una década donde esos muchachos amaban de verdad.
Sonia Pereira Torrico
(Foto aportada por la columnista)






