Desde que comenzaron las demandas sociales, disturbios, quemas, robos y turbas en nuestro país, desde ya hace más de un mes, me he preguntado qué hubiese ocurrido si en vez de quemar las estaciones de metro, hubiesen explotado, quemado y destruido las sub estaciones eléctricas a lo largo de Chile.
Habría sido una catástrofe de magnitud inconmensurable. En el caso del metro, básicamente afecta la movilidad de las personas y lógicamente provoca desagrado y retraso a los trabajos, entre otros efectos de menor cuantía.
Sin embargo, la destrucción de las subestaciones produce un apagón generalizado en el país por largos meses, con todos los impactos que ello provoca en la ciudadanía y la economía de Chile, ya fuertemente afectada por estos últimos sucesos.
Por tal motivo, una vez más aparece un potente argumento para descentralizar y diluir la transmisión en varios puntos de generación autónomos y distribuidos.
Adicionalmente, aprovechando los recursos energéticos naturales y renovables disponibles en cada zona.
Por ejemplo, en el norte grande, explotando la relevante radiación solar que disponemos (la mejor del mundo), lo que lleva a señalar que en 400 km2 se puede generar la energía eléctrica para todo el país.
O en sur, aprovechando el recurso energético renovable del viento, el cual presenta velocidades que permiten generar muchísima energía con la actual tecnología en turbinas eólicas.
En otras zonas se aprovechará la geotermia, en otras la biomasa, y así sucesivamente, dado la tremenda diversidad de recurso energético renovable que dispone nuestro país.
A lo anterior se suman tremendas ventajas, entre las cuales podemos destacar el evitar los invasivos y costosos tendidos eléctricos, los que obviamente repercuten en costos para los usuarios del sistema.
Hernán Cortez Baldassano
Ingeniero Civil U de Chile







