«Las mesas de los bares guardan las historias que la historia oficial olvida. En el bar se arregla el mundo, se llora al amor perdido y se resucitan los recuerdos, mientras el café o la copa se van enfriando en la mano». Eduardo Galeano
Basta mencionar el bar Genovés, para que comiencen a aparecer los recuerdos, las memorias, anécdotas, risas, y momentos que quedarán grabados en lo más profundo del corazón. Las mesas ocupadas por los parroquianos , conversando de lo humano y lo divino, sin importar el reloj. Las cervezas, las partidas de cartas y dominó, los amigos que llegaban después del trabajo y aquellos dirigentes iquiqueños que estaban sentados en una mesa, que soñaron y dieron los primeros pasos para levantar lo que sería el gran amor de nuestras vidas , el club «Deportes Iquique».
Los bares de antes no eran solamente bares, eran lugares, donde convergieron la amistad, los negocios, la política, el fútbol, y las historias que comenzaban con un simple.. “oye ¿te acuerdas?”.
El local de la familia Solimano abrió sus puertas en 1956, fundado por José Solimano Canepa, quien llegó a Iquique desde Génova en los años veinte. Durante 62 años fue atendido por los hermanos Solimano, hasta que decidieron poner fin a la historia por una razón simple y profundamente humana, descansar. Don Mario y don Amadeo, cada uno a su manera, dejaron huella. Entregaron risas, conversaciones gratis, ingratas, de esas que al final se arreglaban con otra ronda.
De los tantos relatos, uno cuenta que su madre trabajaba para la familia y que siendo niño, jugaba allí mientras veía crecer a los niños de la familia. Años después, ya adulto, regresaba al mismo lugar para tomarse unas cervezas, jugar cartas o dominó.
Aparece también el humor, porque así somos los nortinos cuando recordamos.Bastaba entrar de noche para que alguien apareciera desde la penumbra “como Drácula” a atenderte. Y como si la postal no estuviera completa, alguien relata que cerquita estaba el Pool 40. Bar y pool, ¡uf!, la combinación perfecta para la bohemia iquiqueña.
Entre sus clientes habituales estuvo el recordado diputado Ramón Pérez Opazo y el periodista Daniel Díaz Segovia. Este último también dejó su testimonio, recordando ese bar desde la niñez y más tarde, como uno de sus refugios para distenderse, después de largas jornadas de trabajo.
El progreso puede llevarse las paredes, los letreros y las mesas. Sin embargo, hay lugares que no desaparecen, porque el Bar Genovés no era solamente un local, fue punto de encuentro, testigo de generaciones de muchos iquiqueños.
¡Quizás por eso el Bar Genovés sigue vivo!. Porque mientras una persona diga “yo iba allí”, “mi mamá trabajaba allí”, “yo jugaba cartas en esas mesas”, “ahí se juntaban los amigos”, ese lugar existirá por siempre en la memoria colectiva.
Sonia Pereira Torrico








